• Facebook
  • Icono social Instagram
Fundación
co-crear
  • White Instagram Icon
  • White YouTube Icon
  • White Facebook Icon

@2019 by Fundación Co-Crear.

Contacto Rafaela:  03492- 15370140

Email: contacto@fundacionco-crear.org

administracion@fundacionco-crear.org

Domicilio: Cayetano Garrapa 690, Rafaela, CP 2300

Banco Santander Rio: CBU 0720174120000037289418.

Creá

Espacio dedicado a quienes deseen redactar articulos para que sean publicados en Nuestra Revista

1 post

0 posts

0 posts

New Posts
  • ghdabog
    Nov 13, 2017

    El contexto mundial actual nos plantea desafíos de considerables magnitudes en diversos aspectos, los cuales debemos ponderar meticulosamente debido a que nuestro accionar en los años futuros será determinante para la subsistencia de la especie humana. Pueden mencionarse como temas de la “agenda mundial”, entre otros: escasez de recursos naturales, contaminación medioambiental, presión financiera, enfrentamientos bélicos, revoluciones culturales. Los Estados, al menos su mayoría, se encuadran dentro de un sistema político instaurado desde hace décadas el cual es considerado por el hombre como el mas apto para regir su vida en comunidad. Amén de ello, sucede que a lo largo de los últimos años se han desarrollado hechos de diversa índole que deberían de “activar” el sentido del juicio y de crítica del ser humano. Por el contrario, vemos que existen cuestiones que las grandes masas (figuras centrales ya que sostienen la democracia) ignoran en su totalidad. Puntualmente quiero hacer referencia sobre la cuestión de la alimentación o “nueva alimentación” podría decirse, ya que es imprescindible que conozcamos como sociedad el modo de producción que hace posible la satisfacción de tan preciada necesidad. Hoy en día asistimos, y puede decirse que somos los testigos principales, a un proceso de cambio de paradigmas, lejos estamos de los tiempos en que los alimentos no eran tema de preocupación, tanto por su cantidad como por su calidad, y eso se debe a que actualmente se promueve un modelo agro-industrial de producción de cultivos que tiene una doble lectura y lamentablemente pocos son los que pueden realizarla. Los puntos que he mencionado en el primer párrafo están relacionados íntegramente con la problemática de la producción de alimentos, a continuación el porque de dicha afirmación: Se ha promovido desde los años `70 aproximadamente una nueva revolución, propugnada desde el norte, forjada en laboratorios bajo el microscopio y dentro de tubos de ensayo. La ciencia ha logrado modificar genéticamente organismos vegetales, ha conseguido configurarlos haciéndolos mas resistentes, con mejores y nuevas características; es ésta la manifestación última de la tecnología al servicio del humano, principio fundamental de cualquier científico. Lo que ha sucedido es que en medio de este trascendental descubrimiento intervino un actor no muy preocupado por el bien común, sino por su opuesto: el individualismo en su máxima expresión. Hago referencia al capital privado transnacional, que por mucho tiempo se dedico con exclusividad al sector urbano, y que ahora ha irrumpido en las afueras de las ciudades y se ha establecido con contundencia en el escenario rural. El modelo que instauro es la representación mas clara de los objetivos fundamentales del capitalismo: búsqueda de ganancias, diversificación de riesgos y concentración de mercado. Factor determinante fue el de la publicidad, fenómeno éste que desde comienzos de la vida en sociedad no deja de sorprender, mostrando cuan maleable es el/la hombre/mujer. Promesas tales como “acabar con el hambre en el mundo”, “disminución de utilización de insumos químicos”, “mayores rendimientos” y “alimentos con propiedades nutricionales que disminuirían los porcentajes de enfermedades” fueron los caballos de batalla de estos ideólogos revolucionarios de saco y corbata. En lo que al ambiente natural refiere, la incidencia que tiene este modelo productivo es de considerables proporciones, aunque traten por todos los medios de minimizarla, ello puede deducirse con solo analizar el procedimiento por el cual en la actualidad “trabajamos nuestra tierra”. El ejemplo por excelencia es el de la soja transgénica: lo que hacen las corporaciones es vender un paquete “bio”-tecnológico que se compone de semillas genéticamente modificadas para resistir a determinados herbicidas, lo cual posibilita al productor obtener grandes rendimientos por hectárea debido a que los cultivos de la oleaginosa son lo único que queda en pie luego de la aplicación del químico. Sucede que en cada nueva campaña de siembra son necesarias mayores cantidades del producto (cuya verdadera toxicidad es negada por unos y afirmada por otros), así como combinaciones de diversos agroquímicos para alcanzar los mismos resultados. Respecto a los estudios realizados, las opiniones están sospechosamente divididas entre quienes realizan los informes para las empresas privadas y los científicos independientes. Estos insumos químicos repercuten tanto en los animales como en los humanos, produciendo muerte o migraciones en los primeros y alergias, afecciones respiratorias, cáncer y (entre otros perjuicios) malformaciones congénitas, en los segundos. Si ha ello sumamos las dimensiones de las superficies (crecen día a día) que se “manejan” de este modo, obtenemos como resultado una homogeneización de nuestro entorno que está ocasionando una alteración del equilibrio establecido en la naturaleza, debido a la pérdida de los ecosistemas y de la biodiversidad de especies existentes en ellos. A nivel social las consecuencias son también preocupantes, ya que cada vez quedan menos personas que trabajan (y viven) la tierra de forma tradicional, ello se debe a que pocos brazos pueden, con la ayuda de las maquinarias, hacerse cargo de las labores que antes desempeñaban varios sujetos. Como consecuencia se producen éxodos masivos a las periferias urbanas, los organismos de contención social colapsan y se acentúa la marginación. Estos “nuevos desempleados” se encuentran en medio de un contexto para el cual no están preparados, en consecuencia deben pasar por un triste proceso de explotación en las urbes y sobrevivir como puedan (ello incluye al delito como opción). En el otro extremo tenemos, por supuesto, una minoría que concentra increíbles extensiones de tierra y obtiene jugosos dividendos a costa de la contaminación del medioambiente y el sufrimiento de muchos. En lo que concierne a la normativa, se puede decir básicamente que los vacíos legales existentes o las legislaciones a medida de las corporaciones se deben a que las “manos de los responsables” están “atadas” con grandes nudos, a saber: presiones de los capitales transnacionales, falta de valores, de ética y responsabilidad social en la función pública, mentes corrompidas y financiación abultada de campañas políticas. El fenómeno del cual pretendí brindar una somera idea sobre los conflictos que conlleva es de proporciones inconmensurables, por ello es que el lector es quien debe sumergirse en la temática, comenzar a investigarla y debatirla. Personalmente considero que debemos involucrarnos cada vez con mayor énfasis ya que a nosotros nos corresponde ejercer el “control” sobre lo que deciden hacer nuestros gobernantes. Es imperioso que nos demos cuenta que existen variadas formas de intervenir y participar en este sistema que según sabios de la antigüedad es el mejor ideado para regirnos. Dejar que las cosas sucedan sin preguntarse los motivos es un vicio que el humano adquirió en varios lugares del mundo en diferentes momentos de la historia, creer que los representantes políticos hacen siempre lo mejor (en todos los aspectos) para los ciudadanos es un error que no podemos darnos el lujo de seguir cometiendo. Se necesitan mentes abiertas y cultivadas que puedan interpretar los acontecimientos no solo locales, sino regionales y mundiales, ya que es imposible mejorar un sistema si no se comprende como funciona. Tenemos que entender que las decisiones cruciales (como las referidas al sistema alimentario) deben tomarse colectivamente, no pueden “transarse” en la mesa directiva de un puñado de multinacionales, ya que lo que allí se hará es hipotecar nuestra soberanía alimentaria y por ende nuestro futuro.